Sueño y actividad física

Los vínculos entre el sueño y la actividad física son cada vez más conocidos por el gran público. Aunque es fácil comprender que dormir bien ayuda a rendir más, todavía se subestiman los efectos de la actividad física sobre el sueño. Con los Juegos Olímpicos de París a la vuelta de la esquina, es hora de hacer balance.

Cómo el sueño mejora el rendimiento físico:

Cada vez son más los deportistas que afirman que dormir bien es parte integrante de su preparación. Pero no hace falta ser Usain Bolt para darse cuenta de que dormir bien mejora nuestra capacidad física.

El sueño afecta directamente a nuestro rendimiento. Dormir bien mejora la coordinación, la velocidad, la precisión y el tiempo de reacción. Una persona bien descansada se concentra mejor y es menos propensa a cometer errores por falta de atención. Un sueño de calidad también mejora la energía y la resistencia, ya que nuestro cuerpo puede recurrir más eficazmente a nuestras reservas de carbohidratos y grasas.

Aparte del rendimiento, el sueño es sobre todo esencial para la recuperación. El sueño profundo de ondas lentas, en particular, desempeña un papel esencial en la recuperación física.

Por lo tanto, la falta de sueño no sólo implica una mala recuperación, sino que también aumenta el riesgo de lesiones. Tanto más cuanto que la falta de recuperación se ve agravada por una disminución del estado de alerta, el equilibrio y la coordinación.

Así pues, tanto si eres un deportista experimentado como si sólo practicas la marcha de forma ocasional, ten especial cuidado de no tirar la toalla si has pasado una mala noche.

Actividad física y sueño: ¿un círculo virtuoso?

Si una buena noche de sueño mejora nuestra capacidad física, lo contrario también es cierto. La actividad física regular ayuda a recuperar o mantener un buen sueño.

En primer lugar, el ejercicio físico aumenta el tiempo pasado en las fases profundas del sueño, que, como hemos visto, están especialmente dedicadas a la recuperación física y mental. La actividad física regular también ayuda a combatir el insomnio. Reduce el tiempo que se tarda en dormirse y aumenta la duración total del sueño. Por lo tanto, ayuda a regular el reloj biológico y a estabilizar los ciclos del sueño.

El ejercicio también libera endorfinas, hormonas que mejoran el estado de ánimo y reducen el estrés y la ansiedad.
Por último, la actividad física reduce la fatiga durante el día y ayuda a regular la temperatura corporal, por lo que unose siente más cansado a la hora de acostarse.

Demasiado es enemigo de lo mejor

Aunque los Juegos Olímpicos son una oportunidad para que todo el mundo se anime a empezar o retomar el deporte, ¡cuidado tampoco con pasarse! Si eres principiante, es mejor empezar con un ejercicio moderado o correrás el riesgo de lesionarte.

La actividad física a altas horas de la noche también puede afectar al sueño.
Si tu calor corporal y tu ritmo cardíaco son demasiado altos para cuando te vayas a la cama, puede que te resulte difícil conciliar el sueño. Para evitarlo, es aconsejable hacer ejercicio al menos 3 o 4 horas antes de acostarte. Si no puede hacerlo de otro modo, sigue siendo mejor hacer ejercicio demasiado tarde, con el riesgo de dormir a veces peor, que no hacerlo en absoluto.

Para estar en plena forma, no basta con entrenar y comer bien, también hay que dormir bien. Cuida tu sueño y observa los cambios positivos en tu forma física y tu bienestar general.